El dedo en los labios: La perspectiva ética del libro de Lola Pons

El silencio también tiene historia. Y, aunque parezca contradictorio, también tiene lenguaje. Esa es una de las ideas que atraviesan El dedo en los labios, el reciente libro de la filóloga española Lola Pons Rodríguez, publicado por Taurus en 2026.

La autora examina cómo el silencio ha acompañado la evolución de la lengua española y cómo las sociedades han utilizado el acto de callar para expresar obediencia, respeto, protesta, secreto y poder. Su investigación permite comprender que el silencio no constituye necesariamente la ausencia de comunicación. Muchas veces, callar es otra manera de decir.

Esta perspectiva abre una reflexión particularmente importante para la ética del periodismo: ¿qué responsabilidad tiene un periodista por aquello que decide no publicar?

Tradicionalmente, la ética periodística se ha concentrado en establecer normas para lo que se dice: verificar los hechos, respetar la verdad, evitar la difamación, proteger la intimidad y distinguir la información de la opinión. Sin embargo, existe otra dimensión menos visible: la responsabilidad moral de lo que se omite.

Un periodista puede faltar a la verdad sin publicar una sola mentira. Basta con seleccionar cuidadosamente los hechos que favorecen una determinada interpretación y excluir aquellos que podrían modificarla. En esas circunstancias, el silencio se convierte en un instrumento de distorsión informativa.

Pero no todo silencio representa una falta ética. El periodista también debe saber callar cuando la divulgación de determinados datos puede poner en peligro una vida, revelar injustificadamente una identidad o vulnerar derechos fundamentales. En estos casos, guardar silencio constituye una forma de responsabilidad profesional.

La diferencia está en las razones que justifican esa decisión.

Cuando el silencio protege a una persona vulnerable, puede ser éticamente necesario. Cuando protege a una autoridad de la rendición de cuentas, merece ser cuestionado. Y cuando responde a intereses económicos, compromisos políticos o conveniencias personales, puede convertirse en una forma encubierta de manipulación.

La reflexión adquiere mayor relevancia en una época caracterizada por la abundancia informativa. Nunca se han publicado tantas noticias ni circulado tantas opiniones. Sin embargo, esa multiplicación de voces no garantiza que todos los hechos importantes reciban atención.

También existen silencios construidos mediante la selección de titulares, la jerarquización de las noticias y la exclusión sistemática de determinados asuntos de la agenda informativa.

El libro de Lola Pons no es un tratado de ética periodística. Su contribución pertenece principalmente al estudio histórico y cultural de la lengua. Pero sus planteamientos permiten extender la reflexión hacia una responsabilidad fundamental de nuestra profesión.

La ética del periodismo no puede medirse exclusivamente por la veracidad de las palabras publicadas. También debe examinar las razones de los silencios que las acompañan.

Porque, en ocasiones, la responsabilidad de un periodista no comienza cuando habla, sino cuando decide qué merece ser dicho y qué debe permanecer en silencio.