Obispo en el exilio denuncia que Nicaragua es “un país huérfano por falta de libertad y justicia”

El obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, presidió este domingo en Miami una misa en la que presentó al recién ordenado sacerdote Cristhian David Mendieta como símbolo de la resistencia de la Iglesia católica nicaragüense. Desde el exilio que lo mantiene fuera de su país desde 2019, Báez denunció que Nicaragua “es un país huérfano por falta de libertad y justicia, al que han querido robarle la dignidad y el futuro”.

Mendieta, oriundo del municipio de La Concepción, en el departamento de Masaya, recibió el sábado la ordenación sacerdotal en la Catedral de Santa María de Miami, de manos del arzobispo Thomas Wenski. Fue ordenado junto a otros ocho diáconos para la Arquidiócesis de Miami, institución que lo acogió después de que la persecución del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo le impidiera completar su vocación en Nicaragua. “Mi gente y mi pueblo los llevo en el corazón y ofreceré mi primera misa por ellos”, declaró el nuevo sacerdote en declaraciones recogidas por ACI Prensa.

Báez, desnacionalizado por el régimen en 2023 y entre los más de 300 nicaragüenses a quienes la dictadura retiró la ciudadanía en los últimos años, definió a Mendieta como “un signo elocuente de la vitalidad de la Iglesia nicaragüense, que sigue siendo fecunda aun en medio de la persecución y el exilio”. En su homilía, el obispo instó al nuevo clérigo a no temer “ser siempre un padre para los pobres, los excluidos y las víctimas”, y recuperó una exhortación del papa León XIV a los sacerdotes que él mismo ordenó recientemente: que “la denuncia no se convirtiera en renuncia y que el peligro no los llevara a la fuga”.

El papa Francisco había ordenado a Báez en 2019 abandonar Nicaragua por razones de seguridad, tras descubrirse un plan del gobierno para atentar contra su vida. El papa León XIV lo confirmó en su cargo en 2025, refrendando su legitimidad eclesiástica frente a las presiones del régimen. Desde Florida, Báez ejerce un ministerio doble: acompaña a la numerosa comunidad de exiliados nicaragüenses radicada en ese estado y mantiene viva la denuncia internacional contra la dictadura de Ortega y Murillo.

La crisis entre el régimen y la Iglesia tiene raíces en las protestas de abril de 2018, cuando una represión gubernamental contra manifestantes que pedían una reforma previsional dejó más de 300 muertos, según cifras de la ONU. Las iglesias abrieron sus puertas a heridos y perseguidos, y el clero tomó partido por las víctimas. Ortega respondió tratando a la jerarquía eclesiástica como adversaria política, y desde entonces ha detenido, expulsado o desnacionalizado a sacerdotes y obispos.

Las elecciones de noviembre de 2021, en las que Ortega fue reelegido para un quinto mandato con sus principales rivales en prisión, agudizaron la ruptura. La comunidad internacional denunció aquellos comicios como una farsa. Tras los resultados, el régimen expulsó a decenas de presos políticos, los desnacionalizó y les confiscó los bienes. Entre las víctimas figuraban religiosos vinculados a la Iglesia católica.

Mendieta inició su formación en el Seminario Mayor Arquidiocesano La Purísima, en Nicaragua. Debió abandonar el país perseguido, cruzó Guatemala, llegó a Costa Rica y terminó recalando en Miami, donde la Arquidiócesis lo acogió. Según datos del Colectivo de Derechos Humanos para la Memoria Histórica de Nicaragua, al menos 800.000 nicaragüenses —el 11,6% de la población— han abandonado o sido desterrados del país desde 2018. La ordenación de Mendieta es, en ese contexto, algo más que un rito religioso: es la constatación de que la Iglesia nicaragüense sobrevive donde el régimen la quiso extinguir. Fuente: Infobae