La presencia de armas en las escuelas no es la norma en el sistema educativo, aclaró ayer el secretario de Educación, Eliezer Ramos Parés, por lo que descartó la propuesta popular de que se revisen diariamente las mochilas de ciertos estudiantes, el uso de detectores de metales y medidas que pudieran resultar punitivas.
Para el titular estas acciones no son la respuesta para alcanzar seres humanos de libre pensamiento que puedan discernir entre el bien y el mal.
“No podemos partir de la premisa de que esta es la norma y con ellos tomemos medidas donde criminalicemos al estudiante, o la conducta estudiantil, porque vamos a tener otro producto social que no necesariamente es lo que queremos”, expresó Ramos Parés en el contexto de una investigación en la que se encontró causa para arresto contra un adolescente de 15 años, que fue intervenido por la Policía cuando la directora de la Escuela Superior Jaime Collazo, en Morovis, le registró su mochila y encontró una aparente pistola Taurus calibre 9 milímetros.
“La estadística no nos dice que esto esté en aumento. La estadística no nos dice que los incidentes que están ocurriendo sean la norma en las escuelas. La mayoría de las escuelas tienen buenos ambientes. Todo está ocurriendo con normalidad, incluyendo el incidente del arma, fue un incidente aislado en esta escuela que ha tomado por sorpresa a toda esa comunidad escolar”, abundó el secretario.
Aun así, el jefe de la agencia reconoció que a lo largo de las décadas, el departamento ha intervenido con estudiantes que llevan armas punzantes u otro tipo, pero no para atentar contra la vida de otro compañero.
“La mayoría de las veces lo hacen para frontear: ‘Yo ando con esto, tengo esto’, ‘tengo acceso a esto’. Y es el tema de frontear, de echárselas con sus amigos. No dudamos que este último caso, eso es lo que haya pasado. Es un amigo precisamente el que le dice a su maestra, ‘mira, fulano tiene un arma’”, sostuvo.
¿Qué debe hacer la escuela?
En casos en que se halla un arma en posesión de un estudiante, la escuela debe establecer un plan que incluya la intervención social y psicológica, así como un plan educativo, dijo el secretario.
“En la escuela no hay una expectativa de intimidad, así que sí se puede registrar el bulto y si hay una sospecha, el reglamento y los protocolos disponen cómo hacerlo. Ante una sospecha, es el director de la escuela el que es llamado. Se debe aislar la mochila. Debemos estar en contacto con mamá y papá, pero no necesariamente lo tenemos que esperar. Si la seguridad de la escuela está bajo amenaza o se entiende que puede estar bajo amenaza, puede haber una inmediatez hacia ese bulto”, explicó Ramos Parés.
Aunque la autorización de matrícula permite la intervención de todo el personal hacia el estudiante, el secretario enfatizó que debe ser razonable.
“No debemos estar tampoco abusando. O se lo revisamos a todos o no se lo revisamos a nadie. Y si se lo revisamos a alguien, es porque hay sospecha. No debemos estar de alguna forma estableciendo algunos criterios de discrimen para revisarles a unos sí y a otros no. La regla debe ser uniforme”, indicó.
En el caso de Morovis, el menor permanece en la cárcel de menores en Ponce, tras cargos por portación de arma de fuego y violación a la Ley de Armas. La pistola, según supo EL VOCERO, figura como hurtada del año 2025.
Ramos Parés señaló que “más allá del rol punitivo que puede tener ante la existencia de un acto que está dentro del marco criminal para la esfera de adultos, tiene una esencia social. En este caso, por la gravedad del asunto, –sí hay una orden de detención– entra ante una institución de menores. Pero allí el joven inmediatamente comienza a recibir servicios socioemocionales, servicios educativos, comienza el contacto con su escuela, comienza la toma de decisiones, de ver qué es lo que va a pasar. En la gran mayoría de los casos se logra llegar a algún acuerdo”.
Como parte de los acuerdos, el joven debe comprometerse a tener buenas calificaciones, asistir a sus clases y visitar al trabajador social, además del servicio psicológico.
Igualmente, el secretario sostuvo que las escuelas reciben adiestramientos sobre cómo intervenir ante incidentes, heridas o tiradores activos.
“Queremos seres humanos de pensamiento libre, seres humanos que puedan discernir entre el bien y el mal, seres humanos que sea un compromiso el que los lleve a insertarse en la sociedad, a producir para la sociedad, seres humanos que sean llenos de humanidad, que sean empáticos con el prójimo, y yo no creo que tomando medidas para criminalizarlos o criminalizar sus actos todos los días podamos lograr ese efecto”, puntualizó el secretario.
Fuente: El Vocero.
