Javier Darío Restrepo fue un destacado periodista y escritor, pero, sobre todo, un maestro de la ética periodística. Asumió esa misión con la vocación de servicio del sacerdote que siempre llevó dentro, aun después de abandonar la vida religiosa para dedicarse plenamente al periodismo y a la enseñanza.
Inició su carrera periodística a finales de los años cincuenta, mientras ejercía el sacerdocio. Después de diecisiete años dejó el ministerio religioso para dedicarse plenamente al periodismo. Aquella formación humanística, unida al ejercicio cotidiano del oficio, contribuyó a cimentar una reflexión ética preocupada por la dignidad humana, la verdad y la independencia profesional.
Restrepo perteneció a la fecunda tradición colombiana de periodistas que hicieron de la investigación, la crónica y el debate público una vocación intelectual. Trabajó en el noticiero 24 Horas entre 1977 y 1995, fue defensor del lector de El Tiempo y escribió para El Espectador, El Heraldo y El Colombiano. También enseñó en la Universidad de los Andes.
Sus coberturas de conflictos armados le permitieron conocer el costo humano de la información. Esa experiencia alimentó libros como Cartas de guerra y Testigo de seis guerras, reconocidos con premios periodísticos. Su obra, cercana a treinta títulos según la Fundación Gabo, incluye dos novelas y estudios fundamentales como Ética para periodistas, escrito con María Teresa Herrán, El zumbido y el moscardón y La constelación ética.
Resulta especialmente significativo que Gabriel García Márquez propusiera a Restrepo para encabezar los talleres de ética de la fundación que creó para impulsar un mejor periodismo iberoamericano. Desde 1995, el maestro acompañó a generaciones de profesionales, no para impartir mandamientos inflexibles, sino para enseñarles a razonar frente a dilemas concretos.
En el Consultorio Ético, que dirigió desde 2000, respondió más de mil ochocientas preguntas de periodistas. Allí aparecían los problemas reales de nuestras redacciones: conflictos de intereses, presiones políticas, dependencia económica, tratamiento de las fuentes y respeto por las personas afectadas por una noticia.
Su magisterio recordaba que ningún código sustituye la conciencia, pero tampoco basta invocar la conciencia sin someter las decisiones al examen crítico. La ética exige formación, coraje para resistir presiones y disposición a reconocer errores. También exige medios capaces de proteger la independencia de sus trabajadores.
En tiempos de precariedad laboral, polarización y competencia digital, esa enseñanza conserva vigencia. Restrepo comprendió que mejorar el periodismo latinoamericano requería algo más que dominar técnicas narrativas: había que fortalecer la integridad de quienes informan y la responsabilidad de las instituciones que difunden sus trabajos.
Enseñó que servir a la verdad significa, ante todo, respetar a las personas. Por eso, su figura permanece como referencia imprescindible para comprender que la credibilidad de la prensa se construye mediante decisiones responsables.
Obtuvo una gran cantidad de reconocimientos y galardones durante su carrera, entre los que destacan el Premio Gabriel García Márquez de Periodismo en 2014, el Premio Simón Bolívar de Televisión en 1985 y 1986, el Premio del Círculo de Periodistas de Bogotá en 1993 y el Premio Simón Bolívar Honorario en 1997, por su destacada trayectoria.