Sus detractores lo describen como alguien con alma de carterista, que encarna lo peor de la selección argentina y resulta difícil de querer, a pesar de su indudable talento.
Sus admiradores, en cambio, sostienen que el «verdadero Enzo» no merece esa imagen de chico malo ni los abucheos y críticas feroces que ha recibido desde que Argentina cayó luchando en el Mundial.
The Athletic ha hablado con diversas personas que conocen de primera mano al jugador —recién traspasado del Chelsea al Manchester City por 125 millones de libras (169,3 millones de dólares), movimiento que le reúne con su antiguo entrenador en Stamford Bridge, Enzo Maresca, e iguala el récord de traspaso en el fútbol británico—.
Todos los entrevistados —desde jugadores y entrenadores hasta amigos y personal del club— coinciden en que es un jugador excepcional y un competidor feroz; aquel «niño bajito y regordete» —en palabras de uno de sus primeros entrenadores en Argentina— ha evolucionado hasta convertirse en un centrocampista todoterreno de gran eficacia.
«Es un jugador que, si yo fuera el entrenador, siempre querría tener en mi equipo», comenta una persona que conoce bien a Fernández y que habla bajo condición de anonimato —al igual que muchas otras fuentes de este reportaje— para preservar sus relaciones. «Si logras que crea en tu idea, se dejará la piel por ella».
Fernández, criado en San Martín (Buenos Aires), estaba tan comprometido con su profesión que, ya en su adolescencia en River Plate, contrató a su propio nutricionista y a su propio preparador físico.
Desde hace años, tal y como reveló en una entrevista para un popular programa argentino de YouTube, acude a terapia. Es profundamente religioso y parece ser un hombre de costumbres fijas: antes de cada partido cumple siempre el mismo ritual, que incluye una ducha de agua fría y el uso de los mismos calzoncillos.
Sus compañeros hablan de un jugador que, a sus 25 años, asume con gusto un papel protagonista y goza de la confianza de los entrenadores para desempeñar funciones de gran responsabilidad. Destacan cómo protege a «los suyos» y cómo, fuera del campo, muestra una faceta de su personalidad que tal vez no perciben los millones de personas que lo ven por televisión.
Como, por ejemplo, su peluquero. Diego Del Casale, quien cuenta entre sus clientes a muchos de los mejores futbolistas de Argentina, relata una anécdota sobre cómo perdió su equipaje mientras viajaba a Londres —haciendo escala en Ámsterdam— para cortarle el pelo a Fernández. Aquello supuso un problema, dado que Del Casale, propietario de una peluquería en el barrio porteño de Chacarita, no iba vestido adecuadamente para el invierno inglés.
«Me estaba congelando», cuenta a *The Athletic*. «Cuando terminamos el corte, Enzo me dio uno de sus abrigos y se aseguró de que estuviera bien atendido hasta que recuperé mi ropa».
Estas no son las historias que el público angloparlante suele escuchar de boca de Fernández porque, a pesar de llevar casi cuatro años en el Chelsea, su dominio del idioma sigue siendo limitado. Por ello, nunca ha concedido una entrevista extensa en inglés durante ese tiempo. Es algo inusual para un jugador de tanto renombre —especialmente para alguien que ha sido capitán y vicecapitán del Chelsea— y quizá sea una de las razones por las que su historia permanece en gran medida desconocida en el país donde se gana la vida.
Está, por ejemplo, aquel momento en que, a los 15 años, Fernández escribió una carta abierta a Lionel Messi y la publicó en Facebook después de que Argentina perdiera la final de la Copa América 2016 ante Chile. El joven Fernández jamás habría imaginado que aquello se haría viral y que terminaría jugando junto a su ídolo en el torneo de 2024, con dos finales de la Copa del Mundo de por medio.
La otra cara de la moneda, por supuesto, es que la trayectoria internacional de Fernández ha dejado algunas manchas en su imagen que serán difíciles de borrar.
Tras ganar la Copa América, fue uno de los jugadores grabados en vídeo entonando un cántico racista y homófobo contra miembros de la selección francesa. Fue, en palabras del defensa del Chelsea Wesley Fofana, «racismo desinhibido». Sin embargo, Fernández se libró de sanciones disciplinarias por parte de su club tras ofrecerse a donar una suma no revelada a una organización benéfica contra la discriminación (nunca se supo cuál). La historia también recordará a Fernández como el jugador expulsado en la final de la Copa del Mundo; esa tarjeta roja contra España debió de dolerle profundamente, cabe suponer, a un jugador tan fervientemente patriota a la hora de vestir la camiseta albiceleste de Argentina. Fernández relata con cariño cómo se enteró, a los 21 años, de que había sido convocado para el Mundial de 2022. Estaba en casa viendo TyC Sports cuando recibió un mensaje de voz informándole que había entrado en la plantilla, aunque advirtiéndole que debía mantenerlo en secreto. Fernández estaba tan feliz que quiso guardar el mensaje como recuerdo; lamentablemente para él, su teléfono estaba configurado para borrar los mensajes automáticamente. Seguir leyendo: The New York Times
