No importa si es un cumpleaños, una despedida de soltero o simplemente una salida entre amigos o familiares, las guaguas de “chinchorreo” siguen recorriendo las carreteras de la Isla, cargadas de alegría, música y tradición, lo que a juicio de los empresarios dedicados a este tipo de servicio, impulsa el turismo interno y desarrollo económico.
En Puerto Rico, “chinchorreo” se refiere a la actividad de visitar diferentes “chinchorros”, que son pequeños bares y restaurantes informales al aire libre, con el objetivo de disfrutar de comida, bebidas, música y compañía.
Dueños de compañías de transporte informaron a El Vocero que el precio promedio de esta actividad grupal fluctúa entre los $550 y $750, dependiendo de las horas y la ruta que se escoja. En promedio, la guaguas transitan entre ocho y diez horas para que el grupo disfrute la gastronomía y paisajes de Puerto Rico.
“El auge de esta forma de compartir no ha bajado. En el fin de semana teníamos tres guaguas de nosotros en estas rutas de la costa”, comentó el propietario de La Gozadera Full, Elvin Santiago.
La dueña de Transporte Papo Alvy, Indira Rodríguez, indicó que la temporada más activa en la que solicitan estas experiencias empieza en abril y continúa hasta diciembre y enero, durante la época festiva.
“La mayoría de las personas lo hacen más como para reunirse con sus amistades y familiares a celebrar diferentes ocasiones. Le damos los servicios tanto a personas jóvenes como también a las personas mayores, que son a veces los que coordinan este tipo de actividades con su familia”, expresó Rodríguez.
Según estos empresarios de compañías de transportación, las rutas de chinchorreo del área montañosa, empezando en Dorado y dirigiéndose hacia Corozal y Naranjito, son las más solicitadas. También, Tienen alta demanda las rutas de la costa que comienzan en Piñones y llegan hasta Fajardo o Naguabo, y las que recorren desde Salinas hasta Yabucoa.
“Las rutas que más vendemos son las del campo. A las personas les gusta ir al campo de una manera fenomenal. Es algo que se vende bastante bien”, comentó Manuel Rivera, propietario de Lalys Transport.
Añaden equipos para el disfrute
Parte de la experiencia del chinchorreo es ir en una guagua con aire acondicionado, bien iluminada con luces tipo ‘led’ y equipo de bocina para escuchar música o hacer karaokes, coincidieron los empresarios al destacar que esta inversión es necesaria para estar a la par con la competencia.
“Nuestras guaguas cuentan con aire acondicionado, micrófonos, karaokes, buen sistema de sonido para el disfrute de los pasajeros. Nuestra experiencia también hace que animemos a las personas a que lo pasen bien durante el tiempo que pasen juntos. Siempre el cliente sale contento”, expresó Rivera.
Retos
Como en todo negocio, hay retos. Rivera mencionó que muchas compañías que ofrecen este tipo están enfrentando el rechazo de algunos locales de comida y bebida.
“Estamos teniendo un problema y reto en un municipio del área de la montaña en el que la mayoría de los establecimientos no están aceptando las guaguas de los chinchorreos porque muchas de las personas -y es lamentable- utilizan las paradas para solamente utilizar el baño y no consumen en los establecimientos”, explicó Rivera.
“Es por eso que a veces esta ruta de la montaña no la ofrecemos”, afirmó Rivera.
Dijo que otra medida que toman es advertirle sobre esa situación a los clientes que quieren ir de chinchorreo por la montaña, para que escojan otra ruta o saltan el municipio donde ha surgido la controversia.
Impacto en los comercios
Para el propietario de La Rumba Bar&Rest en Yabucoa, Edgardo Morales, el que estas guaguas de chinchorreo lleguen a los establecimientos tiene un impacto positivo en las ventas diarias y promueve que los comerciantes se preparen para todas las visitas que les lleguen.
“Es beneficioso porque a veces los negocios están flojos y al llegar estos grupos, el impacto económico es bastante bueno”, comentó Morales.
El comerciante también comentó que algunas personas llegan al local a dañar los servicios sanitarios o la propiedad; otros van a robar, sin embargo, entiende que en general, el chinchorreo tiene un saldo positivo.
“Uno tiene que estar pendiente y manejar la situación”, indicó.
“Comoquiera que sea… compran y consumen de nuestros alimentos que hacemos aquí, como los pastelillos y otros productos que vendemos. Esto tiene sus altas y bajas, pero cuando dicen tener el impacto es uno bueno”, acotó Morales. Fuente: El Vocero
