Para los residentes de la barriada Esperanza y cercanías de la bahía de Guánica persiste la exposición y el riesgo a la salud pública por contaminación con químicos altamente nocivos, según un estudio de Miller School of Medicine de la Universidad de Miami, que detectó niveles elevados de las sustancias en la tierra, el agua e incluso el aire de la zona.
Así lo explicó a El Vocero el doctor en Ciencias de la Salud Ambiental, Naresh Kumar, quien estudia el área desde 2011, y cuya seriedad de los hallazgos lo ha llevado, junto a sus estudiantes, a levantar la voz de alerta mediante orientaciones en iglesias, escuelas y otros espacios públicos, donde han repartido folletos cuya portada advierte: “Exposición a sustancias tóxicas en Guánica: Protéjanse a ustedes mismos, a sus familias y a su comunidad”.
“El principal hallazgo es que estas comunidades se han visto afectadas por los contaminantes en sus áreas residenciales, en los peces, en su gente. Estos contaminantes también se encuentran en sus cuerpos: en los adultos, los PCB y en los niños, algunos metales tóxicos”, detalló el doctor.
Según información provista por la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA, en inglés), los bifenilos policlorados o PCB, por sus siglas en inglés, son un grupo de sustancias químicas sintéticas con potencial cancerígeno que solían utilizarse como lubricantes en transformadores eléctricos. La EPA prohibió su uso en 1979; sin embargo, continúan presentes en muchos productos fabricados antes de esa fecha.
Este químico fue reportado desde 1998 en Guánica por la Junta de Calidad Ambiental en los terrenos donde operó una de las fábricas de fertilizantes de la desaparecida Ochoa Fertilizer. No obstante, no fue hasta 2018 que la EPA tomó muestras de suelo, aguas subterráneas, aguas superficiales y sedimentos en el lugar, incluida la Bahía de Guánica.
Los resultados revelaron niveles elevados de PCB, plomo, talio, mercurio, hidrocarburos aromáticos policíclicos y vanadio en el suelo de la parcela este de la instalación y en los sedimentos de la bahía. También mostraron niveles elevados de compuestos orgánicos volátiles en las aguas subterráneas.
“Muchos de estos contaminantes están vinculados a múltiples condiciones crónicas en la población adulta, así como en niños con respecto a su aprendizaje, su comportamiento, entre otras cosas”, sostuvo el investigador tras resultados que obtuvo mediante muestras de sangre realizadas a 150 residentes de Guánica entre 2018 y 2019. Participaron 33 residentes del barrio Ensenada y 97 del barrio Pueblo; 20 personas no especificaron su dirección física.
Detalló que, con el paso del tiempo, los PCB y los metales tóxicos no se eliminan, sino que se acumulan en el cuerpo, por lo que los efectos adversos para la salud se intensifican. Los adultos mayores —en particular los hombres— presentan niveles más altos de PCB en sus cuerpos en comparación con jóvenes y mujeres.
“Una vez que entran en el cuerpo, la gran mayoría de ellos permanecen en el cuerpo y comienzan a producir cambios biológicos. Una de las funciones biológicas a las que se dirigen es el sistema endocrino… pueden provocar daños al ADN (ácido desoxirribonucleico). Cuando estos procesos comienzan a ocurrir, obviamente verás enfermedades del sistema endocrino, como la diabetes y la hipertensión. También pueden inducir cáncer. Algunas de estas sustancias químicas también están relacionadas con enfermedades neurodegenerativas”, indicó Kumar.
De acuerdo con el estudio, la prevalencia de enfermedades crónicas reportada por residentes de Guánica, un pueblo con una población de 11,840 personas con cifras elevadas de migración por los sismos de 2020, supera la del resto de Puerto Rico. En ese municipio, el cáncer alcanza un 3.0%, por encima del 2.5% registrado a nivel Isla; las enfermedades cardiovasculares se sitúan en 17.2%, frente al 9.7%; y las enfermedades metabólicas —como la diabetes y el hipertiroidismo— ascienden a 28.2%, en comparación con el 18.3% en Puerto Rico.
Se encuentran en el aire
“Pusimos sensores en los techos de las casas de las personas alrededor de la bahía y otros sensores tierra adentro, a unas 10 millas. Los niveles de PCB en el aire eran de 10 a 12 veces más altos (alrededor de la bahía). Lo que eso significa es que, si respiras medio litro de aire en cada respiración, respiras aproximadamente 8,000 litros de aire (diariamente). (En este caso), la concentración (de PCB en el aire) se vuelve muy alta”, afirmó, aunque al momento de la entrevista con este medio no pudo precisar el total de las concentraciones que estarían experimentando los guaniqueños en cada respiración.
Especificó que los residentes del área están expuestos a los contaminantes a través del consumo de mariscos —ya que los niveles de PCB en los peces dentro y alrededor de la bahía son mucho más elevados que los de los peces capturados fuera de ella—, el contacto directo con la piel y la aerosolización del suelo contaminado.
Por tal razón, el pueblo, caracterizado por ser un destino turístico debido a sus playas y el Bosque Seco, ha sido visitado con frecuencia tanto por el doctor como por los estudiantes involucrados en la investigación, quienes han estado orientando a la ciudadanía a evitar el consumo de peces capturados dentro de la bahía, así como a limpiarlos adecuadamente, retirar sus órganos y optar por métodos de preparación como hornear o curar en lugar de freír.
También sugieren limitar la exposición directa al área, evitando nadar, el contacto con el suelo y permanecer al aire libre cuando el viento provenga del este y sureste.
“En otras palabras, las personas están expuestas a los PCB a través de las tres vías… Los PCB no son las únicas preocupaciones en este caso. También hemos detectado en los nuevos datos, que aún no he publicado, que hay metales tóxicos en el aire y también en los sedimentos del suelo y en muestras de uñas de los niños. Todos estos contaminantes, antes pensaba que estaban fluyendo a la bahía, pero ese no es el caso. También están desembocando en estas áreas residenciales”, expuso.
Segundo lugar más contaminado con PCB en Estados Unidos
En 2022, la EPA incluyó el área de la Ochoa Fertilizer en el programa Superfondo, una lista de prioridades de descontaminación en Estados Unidos, tras detectarse en sus sedimentos la segunda concentración más alta de PCB en el país.
No obstante, la contaminación que persiste allí se conoce desde mucho antes. Según una investigación del Centro de Periodismo Investigativo, tanto el Gobierno de Puerto Rico como el federal conocen desde 1998 sobre la contaminación, luego de que la Junta de Calidad Ambiental lo reportara en aquel entonces.
Aunque la EPA investiga el caso desde 2018, no fue hasta marzo de 2023 que llevó a cabo una reunión pública con la comunidad.
En el sitio operó Ochoa Fertilizer por 63 años hasta los años 90 a lo largo de la PR-333. En el lote este se producían materias primas hasta la década de 1970, mientras que en el oeste —donde aún se almacenan y fabrican fertilizantes— se procesaba azufre.
La EPA inició negociaciones con las partes potencialmente responsables, incluidas Guánica Caribe una subsidiaria de W.R. Grace & Co.-Conn., la Autoridad de Puertos y la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), pero al no lograr un acuerdo, decidió llevar a cabo la investigación por su cuenta para agilizar el proceso.
La Autoridad de los Puertos indicó en declaraciones escritas que, como propietaria de los terrenos del “Western Lot”, “asume la responsabilidad que recae sobre el dueño” bajo la ley federal CERCLA. La agencia sostuvo que su rol será definido una vez se firme la Orden Administrativa por Consentimiento y que ya realizó evaluaciones internas, al tiempo que aseguró que “contribuirá en todas las etapas” de la investigación y eventual remediación.
Por su parte, la AEE sostuvo que no ha recibido comunicación formal reciente de la EPA y que “desconoce cuál es la posición actual de la agencia” sobre el caso, además de afirmar que su designación como parte potencialmente responsable “no ha sido debidamente fundamentada”. Indicó que no existen vínculos entre sus operaciones en la subestación y la contaminación con PCB según el récord de la EPA, y alegó que no fue incorporada a las negociaciones.
Al cierre de esta edición, W.R. Grace & Co.-Conn no respondió a petición de entrevista.
La EPA investiga
Al momento, la EPA se encuentra en una etapa inicial de investigación que comenzó en abril del año pasado para determinar la extensión real de la contaminación en el área, tras haber completado una fase previa de limpieza de emergencia a residencias con suelos contaminados con el químico en marzo de 2023.
Según explicó la coordinadora de participación comunitaria de la División de Protección Ambiental del Caribe de la agencia, María Elena García Cancio, “se limpió todo lo que se consideraba que era un riesgo directo a las personas y por eso fue que se impactaron 19 propiedades, los patios de las casas, se removió ese suelo y se puso suelo limpio”, intervención que incluyó además áreas aledañas a la carretera PR-333 y dejó un saldo de 8,598 toneladas de suelo contaminado removido.
No obstante, aclaró que el alcance total del problema aún no está definido.
“Ahora es que nosotros empezamos a investigar hasta dónde llega porque no sabemos”, sostuvo y agregó que, como parte de esta fase, la EPA tomará más muestras para delimitar la contaminación y así diseñar un plan de limpieza.
Sobre la posible afectación marina, indicó que “se sospecha” que hay contaminación en la bahía, pero se desconoce hasta dónde se extiende.
La funcionaria añadió que este proceso es complejo y puede prolongarse, al señalar que intervienen múltiples especialistas, desde hidrólogos hasta biólogos, y que la investigación puede extenderse “desde meses hasta años”.
En el ámbito estatal, pese a múltiples intentos de entrevista, el secretario del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, Waldemar Quiles, no estuvo disponible para atender las preguntas de El Vocero.
Por su parte, el alcalde de Guánica, Ismael “Titi” Rodríguez, no respondió a solicitudes de entrevista. Su oficial de prensa indicó por mensaje de texto que “al momento el Municipio está en espera de las evaluaciones y análisis de la EPA para conocer los detalles en su totalidad”. Fuente: El Vocero
