Cerca de medio millón de personas fueron testigos de la casa, el monte, el flamboyán, los ritmos y la energía que se vivió durante la histórica residencia de Bad Bunny, No me quiero ir de aquí, en el Coliseo de Puerto Rico, que culminó ayer después de 30 funciones. La cultura puertorriqueña, tanto simbólica ‒con las pavas, la bandera y la amapola‒, lingüística ‒la jerga, las historias y las referencias‒ y sonoramente ‒la bomba, la salsa, la plena‒ han sido el foco de atención y ambición para boricuas y extranjeros durante los pasados tres meses.
Lejos de enmarcarlo en un antes y un después para la cultura, Pedro Reina, historiador y gestor cultural, prefiere definirlo como “un punto de inflexión”, por la acogida del público a la producción del artista.
“Bad Bunny pone a jugar un montón de símbolos de la cultura puertorriqueña, que antes de este evento, eran mirados con cierto desprecio. Me parece que esa reapropiación de un lenguaje vernáculo, tanto simbólico como literal, de lo puertorriqueño marca un momento importante, porque parte del significado está en la acogida a la propuesta”, afirmó Reina.
“Podemos tener la opinión que tengamos de Bad Bunny, del trap, del reguetón, pero seríamos mezquinos si no reconociéramos que nos sentimos orgullosos de que la gente sienta orgullo. Valga esta enorme redundancia, de que la gente vuelva a sentir orgullo”, abundó.
Parte de ese orgullo ha estado intrínsecamente relacionado con retomar los ritmos típicos de Puerto Rico, que Benito utiliza en su disco Debí tirar más fotos junto a músicos veteranos que llevan años trabajándolos. Para Emanuel Santana, plenero, bombero y gestor cultural de La Casa de la Plena Tito Matos, este es uno de los aspectos que hay que resaltar.
“Benito está trayendo personas que nos dedicamos a esto todos los días y él le añade su parte. No solo me parece bonito, sino que me parece responsable la forma en la que lo está haciendo”, dijo.
Desde julio a septiembre, el folclor sonoro boricua ha sido protagonista en el Coliseo de Puerto Rico, fuera de la época navideña, cuando muchas veces se encajonan esos ritmos.
“Han sido muchas las personas que han llevado esa consigna por años, diciendo que la música folclórica de Puerto Rico no es música exclusivamente navideña. Actualmente, se toca más plena y más bomba que nunca en la historia y eso viene pasando desde antes del disco de Benito. Después del disco, olvídate”, acotó Santana
Por su parte, que un artista de la popularidad de Bad Bunny trabaje con ritmos locales suscita un nuevo interés musical entre los boricuas y los extranjeros. Así lo confirmó Santana, quien aseguró que han aumentado las visitas a La Casa de la Plena Tito Matos, en la calle Loíza, San Juan. Igualmente, Luis Sanz, cuatrista, ha podido ver el interés de los estudiantes por aprender la música folclórica.
“Eso es lo que he notado de esta generación, que están hambrientos de conocer la historia, nuestra cultura, lo cotidiano del puertorriqueño y empoderarse de la identidad puertorriqueña”, apuntó Sanz, quien reveló que comenzaron a incorporar el álbum de Bad Bunny al programa de Música Popular.
“Tanto el álbum como la residencia ha tenido un impacto y seguirá siendo un marco de referencia al momento de componer, al momento de enseñar la música folclórica. Tenemos que repensar la manera en que estamos educando a los jóvenes y la manera en que estamos enseñando nuestra música”, opinó el también director del Departamento de Artes Contemporáneas del Recinto Metro de la Universidad Interamericana, que incluye el programa de Música Popular.
El fenómeno posresidencia de Bad Bunny todavía está por definirse. Sin embargo, para Reina, desde la gestión cultural, se trata de un momento clave.
“Creo que los gestores y los artistas, independientemente de la valoración que hagan de Bad Bunny, estamos ante un fenómeno donde hay una apertura para acoger símbolos, para renovar un discurso y eso siempre es importante antes de la acción política”, puntualizó Reina. Fuente: El Vocero
