
Por Wilson Hernández
Editor El Sol Magazine
¿Cuál debe ser el poder de la prensa? ¿Debe un periodista ser una persona poderosa en términos políticos, sociales y económicos? ¿De dónde proviene la autoridad moral del periodista? ¿Cuándo la influencia periodística se convierte en abuso de poder? ¿Quién fiscaliza a quienes tienen la responsabilidad de fiscalizar al poder?
Con estas preguntas inicio una serie de artículos sobre ética y periodismo, que serán publicados dos veces por semana, los domingos y miércoles, en el periódico digital El Sol Magazine, y compartidos en nuestras redes sociales. Espero con estas reflexiones aportar mi modesto punto de vista sobre un tema que, particularmente en nuestros países de América Latina, está estrechamente relacionado con la democracia, el desarrollo de nuestros pueblos y la calidad de vida de los ciudadanos. Se que en unos pocos párrafos no es posible desarrollar estos asuntos en toda su profundidad, pero intentaré ser lo más conciso posible.
¿Cuál debe ser el poder de la prensa?
La prensa debe tener el poder suficiente para investigar, preguntar, denunciar, cuestionar y exigir explicaciones a quienes toman decisiones que afectan a la sociedad. Pero ese poder no le pertenece al periodista como individuo. Es un poder delegado, sustentado en el derecho de los ciudadanos a estar informados. Su finalidad no debe ser gobernar, sino contribuir a que quienes gobiernan rindan cuentas.
¿Debe un periodista ser una persona poderosa en términos políticos, sociales y económicos?
Pienso que no debería aspirar a serlo. Puede alcanzar prestigio, reconocimiento e influencia como consecuencia de su trabajo, pero cuando comienza a acumular poder político, económico o social corre el riesgo de convertirse en parte de aquello que tiene la responsabilidad de observar. El periodista necesita relacionarse con el poder, pero también conservar una distancia que le permita cuestionarlo.
¿De dónde proviene la autoridad moral del periodista?
No proviene de un cargo, de una fortuna, de sus relaciones políticas ni del tamaño de su audiencia. Proviene fundamentalmente de su credibilidad: de decir la verdad hasta donde pueda conocerla, verificar los hechos, reconocer sus errores, actuar con independencia y tratar justamente incluso a quienes no comparten sus ideas.
¿Cuándo la influencia periodística se convierte en abuso de poder?
Cuando el periodista utiliza su medio, sus contactos o su capacidad de comunicación para intimidar, obtener privilegios, favorecer intereses particulares, destruir reputaciones injustamente o ajustar cuentas personales. La libertad de prensa protege el derecho a informa y no debería convertirse en una licencia para perjudicar sin responsabilidad.
¿Quién fiscaliza a quienes tienen la responsabilidad de fiscalizar al poder?
La propia prensa debe aceptar también el escrutinio. Los ciudadanos, otros periodistas, las instituciones, las fuentes y los lectores tienen derecho a cuestionarnos. No resulta coherente exigir transparencia al gobierno, a los empresarios o a las organizaciones públicas mientras consideramos que nuestras propias decisiones periodísticas están por encima de cualquier examen.
En esa disposición a someternos también al escrutinio se pone a prueba la ética periodística.
*Wilson Hernández es fundador y editor del periódico El Sol Magazine.
Autor de Crisis del Periodismo en América Latina (2021) y Versos Apócrifos (2026).