Stephen J. A. Ward y la invención de la ética periodística

La ética periodística no nació con los códigos profesionales ni con las grandes organizaciones de prensa. Su formación fue un proceso histórico de controversias, intereses y transformaciones intelectuales. Esta es una de las principales conclusiones del filósofo y estudioso del periodismo Stephen J. A. Ward, autor de The Invention of Journalism Ethics: The Path to Objectivity and Beyond (2004), una investigación sobre los fundamentos morales de la profesión.

Ward sostiene que las normas éticas del periodismo no constituyen principios inmutables. Son construcciones históricas que evolucionan junto con las sociedades, las instituciones políticas y las prácticas informativas. Desde las publicaciones partidistas inglesas del siglo XVII hasta el periodismo contemporáneo, los profesionales de la prensa han elaborado diferentes justificaciones para defender la credibilidad de sus informaciones.

Uno de los aportes fundamentales de Ward consiste en cuestionar la concepción tradicional de la objetividad. Durante buena parte del siglo XX, numerosos medios presentaron la objetividad como garantía de independencia y veracidad. Sin embargo, el investigador advierte que ninguna actividad humana puede desprenderse completamente de las interpretaciones, los valores y las circunstancias de quienes la ejercen.

Esto no significa que Ward proponga abandonar la objetividad. Por el contrario, desarrolla el concepto de «objetividad pragmática», entendido como un ejercicio racional, crítico y permanentemente revisable. El periodista debe contrastar pruebas, examinar sus propias interpretaciones, considerar perspectivas diferentes y mantener sus conclusiones abiertas a nuevas evidencias.

La diferencia es importante. Mientras la objetividad tradicional puede interpretarse como una condición de neutralidad que el periodista afirma poseer, la objetividad pragmática exige demostrar cómo se construye una información confiable. La credibilidad no procede simplemente de proclamarse imparcial, sino de utilizar procedimientos capaces de resistir el examen público.

Esta propuesta también plantea interrogantes. Si toda interpretación está condicionada por valores, ¿cómo establecer criterios comunes para distinguir una investigación rigurosa de una narración deliberadamente parcial? La respuesta de Ward apunta hacia procedimientos de investigación razonables y verificables, aunque persiste la dificultad de aplicarlos en medios sometidos a presiones políticas, económicas y comerciales.

Su pensamiento adquiere particular relevancia en el entorno digital, donde la velocidad informativa, la fragmentación de las audiencias y la circulación de opiniones desafían los antiguos modelos profesionales. En la segunda edición de su obra, publicada en 2015, Ward amplió su reflexión hacia la ética digital y la necesidad de principios periodísticos de alcance global.

Para Ward, la ética periodística no es un conjunto de reglas inmutables, sino una construcción histórica que debe evolucionar con la sociedad y el propio periodismo. Desde esta perspectiva, la ética periodística  no puede convertirse en un catálogo definitivo de virtudes profesionales. Debe permanecer como una reflexión crítica sobre el poder de informar y sobre las responsabilidades que ese poder impone ante la sociedad.