Por qué las principales petroleras de EE.UU. no participan en el acuerdo de Trump y Delcy Rodríguez

Las principales empresas petroleras estadounidenses no participan en el «mayor acuerdo petrolero de la historia» suscrito entre los gobiernos de EE.UU. y Venezuela.

Este acuerdo anunciado a finales de agosto contempla entregar a EE.UU. el «control mayoritario» de 17 yacimientos que representan unos 65.000 millones de barriles, equivalentes al 21,5% de todas las reservas probadas de petróleo venezolano y al 141% de las reservas estadounidenses.

Sin embargo, ni ExxonMobil -la mayor petrolera privada del mundo, con un valor en bolsa de US$654.000 millones-, ni ConocoPhillips (valorada en US$149.000 millones), ni ninguna de las otras grandes compañías de hidrocarburos estadounidenses participarán en este acuerdo.

Chevron, la única gran petrolera de EE.UU. con presencia en Venezuela, firmó un acuerdo aparte para expandir su producción hasta los 600.000 barriles diarios en los próximos cinco años, para lo cual invertirá unos US$7.000 millones, pero esos fondos procederán de las ganancias que obtiene en ese país.

Así, la explotación de los 17 yacimientos incluidos en el acuerdo estará en manos de North American Blue Energy Partners (Nabep), una compañía registrada en Barbados cuya trayectoria es casi desconocida incluso para los expertos petroleros y de la que no se tiene constancia de que opere o haya operado en otros países.

«Para poner este acuerdo en perspectiva, Nabep ‘controlará’ casi 5,4 veces las reservas de Petrobras en Brasil y 12 veces las reservas de Pemex en México», explicó el abogado José Ignacio Hernández en un análisis publicado por el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés).

Como parte del acuerdo, el gobierno de EE.UU. tendrá una participación de 35% en Nabep, así como derecho preferencial a comprar a precio de coste 20% de su producción petrolera.

Según informó Nabep en una nota de prensa, se espera que el acuerdo implique una inversión de unos US$100.000 millones. Es el mismo monto que mencionó Trump cuando -tras la operación militar para detener a Maduro en Caracas en enero- se reunió en la Casa Blanca con las principales petroleras de EE.UU. para proponerles que invirtieran en la industria petrolera de Venezuela.

Ocho meses después, las grandes petroleras estadounidenses se mantienen al margen del «mayor acuerdo petrolero de la historia» y ninguna -ni siquiera Chevron- ha querido comprometer la inversión de recursos frescos en ese país.

Las mayores reservas para el mayor mercado

En teoría, un gran acuerdo petrolero entre Venezuela y EE.UU. tiene sentido dado que el primero tiene las mayores reservas probadas de crudo del mundo (más de 300.000 millones de barriles) y el segundo es el principal mercado consumidor de hidrocarburos del planeta.

Esto queda reforzado por factores económicos, geográficos e históricos que hacen de EE.UU. el mercado natural para el petróleo venezolano, según le explicó a BBC Mundo el economista José Toro Hardy, quien fue miembro de la directiva de la petrolera estatal venezolana PDVSA en la década de 1990.

La industria petrolera venezolana ha experimentado una debacle durante las últimas décadas y la producción de crudo cayó de un récord de más de 3 millones de barriles en 1998, antes de la llegada de Hugo Chávez al poder, a poco más de un millón de la actualidad.

Para recuperar esa producción de 3 millones de barriles hace falta invertir unos US$100.000 millones durante unos 8 años, según dijo Luis Pacheco, académico no residente del Instituto Baker de la Universidad de Rice (EE.UU.), a BBC Mundo.

Pero Venezuela no dispone de esos recursos.

«El Estado venezolano no tiene la más mínima posibilidad de realizar las inversiones requeridas para reactivar la industria petrolera y, por lo tanto, es indispensable que vengan los inversionistas privados», dice por su parte Toro Hardy.

El experto considera conveniente que esos inversores sean petroleras estadounidenses porque su país cuenta con una red de refinerías -algunas de ellas pertenecientes a Citgo, propiedad del Estado venezolano- que fueron «diseñadas como un traje a la medida para las características de los crudos venezolanos» que son pesados y cargados de azufre.

«Si en algún mercado el petróleo venezolano puede ser competitivo y podemos obtener el mayor precio es en EE.UU. Donde no podemos ser competitivos es en China porque está demasiado lejos. Un tanquero que sale de Venezuela, en 4 días está anclado frente a alguna de nuestras propias refinerías en EE.UU., pero ese mismo tanquero tardaría 45 días en llegar a China», comenta.

Adicionalmente, apunta que las grandes petroleras estadounidenses tienen mucha experiencia trabajando en Venezuela. La Standard Oil of New Jersey, antecesora de ExxonMobil, comenzó a explotar crudo venezolano hace un siglo. Lo mismo ocurre con Chevron y su predecesora The Venezuelan Gulf Oil Company. En el caso de ConocoPhillips, comenzó a operar en el país sudamericano en la década de 1990, en el contexto del proceso de «apertura petrolera».

«Inviable para la inversión»

¿Por qué, entonces, a pesar de estos factores, las grandes petroleras de EE.UU. no forman parte del acuerdo impulsado por Donald Trump?

Parte de la respuesta puede encontrarse en el discurso que ofreció en enero Darren Woods, presidente y director ejecutivo de ExxonMobil, en la Casa Blanca.

Allí, Woods reconoció la oportunidad que ofrecen las grandes reservas de petróleo de Venezuela, pero consideró que las condiciones en ese país no lo hacían apto para la inversión.

«Si analizamos las estructuras jurídicas y comerciales, los marcos regulatorios, que existen hoy en Venezuela, el país es actualmente inviable para la inversión. Por lo tanto, se requieren cambios importantes en esos marcos comerciales y en el sistema legal; deben existir garantías permanentes para las inversiones y debe modificarse la legislación de hidrocarburos del país», dijo.

Atendiendo a críticas como esta, en enero la Asamblea Nacional de Venezuela aprobó una reforma parcial de la Ley de Hidrocarburos con el objetivo de hacer más atractiva la inversión privada y así facilitar la recuperación de la industria petrolera.

BBC Mundo intentó contactar a ExxonMobil para conocer su valoración actual de las condiciones en Venezuela, así como sobre el acuerdo petrolero anunciado por Trump, pero al momento de publicar esta nota no habíamos recibido respuesta.

Ante una consulta similar, el director de Comunicaciones de ConocoPhillips, Dennis Nuss, dijo que ellos tienen gran experiencia desarrollando estos activos en Venezuela, donde siguen evaluando oportunidades.

«Como ocurre con cualquier inversión potencial, las decisiones estarán guiadas por una serie de factores, entre ellos la estabilidad económica y regulatoria, la seguridad, el respeto al Estado de derecho y la competitividad del mercado», señaló.

Nuss advirtió, sin embargo, que cualquier decisión de seguir adelante «tendría que considerar mecanismos para recuperar la deuda pendiente».

Esa deuda se originó en 2007, cuando el gobierno de Hugo Chávez inició una ola de nacionalizaciones y estableció que los grandes proyectos petroleros en la Faja del Orinoco, la participación de PDVSA debía ser de, al menos, 60%.

Entonces, ConocoPhillips y ExxonMobil decidieron abandonar el país y recurrir al arbitraje internacional.

En el caso de ConocoPhillips, un tribunal de arbitraje dictaminó en 2019 que Venezuela debe pagarle US$8.700 millones como compensación por las inversiones que le fueron expropiadas.

En cuanto a ExxonMobil, tras llevar su reclamo a diferentes instancias de arbitraje internacional, logró una decisión a su favor que obliga a Venezuela al pago de una indemnización en torno a los US$984,5 millones.

Se estima que de la indemnización a ExxonMobil Venezuela pagó, al menos, unos US$907 millones. En el caso de ConocoPhillips, la compañía sigue ejecutando laudos para intentar cobrar lo que se le adeuda.

Riesgo político

Pero detrás de la decisión de estas grandes petroleras de no atender a la invitación que les hizo Trump en enero para invertir en Venezuela, más que viejas deudas hay un problema de riesgo político.

«ExxonMobil y ConocoPhillips tienen mucha más capacidad financiera, tecnológica y operativa que Nabep para desarrollar campos de esta magnitud. Por tanto, su ausencia no parece responder a una incapacidad para participar, sino a una decisión de no asumir, por ahora, determinados riesgos», dice el economista venezolano y consultor empresarial Asdrúbal Oliveros a BBC Mundo.

Mario Braga, analista geopolítico especializado en América Latina de la consultora RANE, apunta que el acuerdo entre los gobiernos de Trump y Rodríguez implica un doble riesgo: uno de tipo político relacionado tanto con la situación en Venezuela como en Estados Unidos, y un riesgo más de tipo legal referido al acuerdo propiamente dicho.

«Hay unos riesgos políticos asociados a operar en Venezuela. Sabemos que hay un gobierno interino y que dentro del régimen existen distintas facciones que, en el futuro, podrían disputarse el poder», señala Braga.

El experto indica que lo que ocurre en Venezuela ahora funciona gracias a una coincidencia de intereses temporales que no se sabe por cuánto tiempo estarán alineados. Seguir leyendo: BBC