Los jóvenes sí quieren trabajar, pero bajo mejores condiciones

La idea de que “los jóvenes no quieren trabajar” se repite comúnmente en Puerto Rico. Sin embargo, de acuerdo con las estadísticas más recientes del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos (DTRH) y profesionales consultados por EL VOCERO, esta percepción es errónea.

“Todos los campos del aprendizaje, del trabajo y del hacer han cambiado y estos jóvenes están bien conscientes de ello, porque muchos dominan todo esto y lo conocen muy bien y están buscando otras alternativas. Yo creo que eso, quizás, confunda a las personas que miran a lo tradicional, a lo que ellos ya conocen, y como no ven que están actuando dentro de esos parámetros, piensan que no están interesados. (Los jóvenes) están aprovechando las alternativas que tienen disponibles y que pueden ellos y ellas ayudar a contribuir a su desarrollo. Así que quizás de ahí venga el desconocimiento”, planteó Palmira Ríos González, catedrática y exdirectora de la Escuela Graduada de Administración Pública del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR).

Según las estadísticas del DTRH sobre el estado de empleo de la población civil no institucional —es decir, aquellas personas que no pertenecen a las fuerzas armadas—, hasta febrero de este año, 418,000 jóvenes de entre 16 y 34 años están empleados en el País, lo que representa un 35 % del grupo trabajador de la Isla, equivalente a más de un tercio de la fuerza laboral.

Datos del Negociado de Normas de Trabajo, durante el presente año fiscal —de julio a marzo— muestran que se han otorgado 4,837 permisos de trabajo a menores de edad en el área de servicios, y 732 en el comercio. Estos sectores, que incluyen restaurantes, comida rápida, servicios profesionales y tiendas, son los que más atraen a jóvenes de 16 a 17 años, explicó la designada secretaria del DTRH, Nydza Irizarry.

“Los jóvenes sí quieren trabajar, los jóvenes quieren aportar al país y quieren hacerlo desde un lugar que sea de justicia y de condiciones dignas para ellos y su familia”, señaló Marcos Santana Andújar, presidente y fundador de la Red por los Derechos de la Niñez y la Juventud de Puerto Rico.

El presidente de la organización sin fines de lucro enfatizó que, para entender la raíz de esta percepción, es importante evaluar el contexto social, económico y político en el que la juventud puertorriqueña vive.

“Hay que entender que este es el país en el que crecen los jóvenes. Un país pobre, sin acceso a escuelas de calidad, sin acceso a servicios de educación, sin acceso a servicios deportivos en todas las comunidades, sin acceso a servicios adecuados de transportación pública. Crecen en ese contexto y resulta que la sociedad, el Estado, la comunidad y la sociedad en general, mientras son niños y niñas, no les facilitan ese acceso temprano, esa intervención temprana adecuada”, destacó Santana Andújar, al tiempo que recalcó que no invertir a tiempo en la formación y desarrollo de la niñez puede perpetuar esta impresión.

Factores económicos y migración

Además del contexto social, los profesionales subrayaron la calidad de los salarios que se ofrecen en la Isla y cómo esto incide en la migración de los jóvenes a Estados Unidos en busca de mejores remuneraciones. También destacaron la tendencia de estudiar carreras cortas que permitan una rápida inserción en el mercado laboral con mejores sueldos.

“En Puerto Rico las diferencias en salario e ingresos son abismales. Yo tengo directores de Recursos Humanos que renuncian al trabajo y cuando me explican el porqué es que se consigue fuera de Puerto Rico, en Estados Unidos, en cualquier estado, pueden ganar tres o cuatro veces lo que se gana en Puerto Rico”, apuntó Ruy Delgado Zayas, abogado y exsecretario del DTRH.

“Hay actividades económicas, no hay trabajo, que requieren cursos cortos o vocacionales que puedes tomar varios, porque a veces es un primer entrenamiento y luego siguen adiestrándote en ello, que son bien remunerados en el mercado. Mientras que a veces hay profesiones que te toman cuatro años o más y los salarios no son altos”, añadió Ríos González en entrevista separada.

Cambios generacionales y prioridades distintas

Otro factor que, según los expertos, perpetúa la idea de que los jóvenes tienen una actitud negativa hacia el trabajo es el cambio en sus prioridades con respecto a generaciones anteriores.

“No es que el joven no quiera trabajar, lo que pasa es que el joven tiene unas prioridades que cambiaron. A nosotros, (la generación) ‘baby boomer’ nos enseñaron que el trabajo era lo más importante e inclusive sacrificaban la familia por el trabajo… Pero ya no es así. Ese joven tiene una visión distinta, posiblemente mejor que la de uno, en términos de qué es lo que realmente vale en la vida. El trabajo es un medio para alcanzar unas cosas, para poder sostenerte, pero no necesariamente es lo más importante”, expresó Delgado Zayas.

El abogado destacó la tendencia entre los jóvenes de emprender en lugar de trabajar para un patrono.

“Es más importante (para el joven) tener libertad, el poder tener la flexibilidad en términos de su horario, en términos de edad, de la forma en que quiere desarrollar sus actividades, es más importante que ser empleado. Ese joven es más emprendedor”, dijo.

Política pública para impulsar el empleo juvenil

Irizarry, aseguró que en Puerto Rico hay oportunidades laborales para los jóvenes, pero reconoció la necesidad de ampliarlas y diversificarlas. Indicó que propone revisar y enmendar la ley 230 de 1942, según enmendada, conocida como la Ley de Empleo de Menores, que regula los permisos de trabajo para esta población, con el fin de facilitar su integración al mundo laboral.

“Creo que hay oportunidades, pero creo que podemos auscultar otros campos, otras alternativas, darle más participación”, expresó y enfatizó la importancia de alinear estas iniciativas con el ordenamiento jurídico federal.

Para Santana Andújar, el acceso al empleo para los jóvenes en Puerto Rico debe ser impulsado con incentivos para el emprendimiento y políticas que faciliten la estabilidad económica.

“Se pueden diseñar programas de incentivos para que los jóvenes puedan emprender sus pequeños negocios, pero más enfocados en lo que ellos saben hacer, en las destrezas que saben hacer, de tecnología, etcétera”, explicó a El Vocero.

Destacó la importancia de generar acuerdos para brindar incentivos a jóvenes emprendedores sin que esto implique un gasto significativo para el gobierno.

Por su parte, la catedrática de la UPR resaltó que “hay que seguir apoyando financieramente a la educación”.

De igual forma, enfatizó la importancia de que la enseñanza superior, tanto universitaria como técnica, sea accesible económicamente.

“Si la educación es accesible y que los jóvenes tengan conocimiento de la diversidad de programas, porque a veces no están orientados, no se les informa de todas las alternativas que están disponibles a ellos y ellas”, añadió.

Además de mejorar el acceso a la educación, Ríos González resaltó la necesidad de fortalecer programas que permitan a los jóvenes adquirir experiencia laboral antes de graduarse.

“Explorar cómo se crean (…) internados o prácticas que permiten crear como un puente desde el período de estudiante”, señaló.

Explicó que esta conexión entre los espacios de estudio y los de trabajo es beneficiosa para todos los sectores, desde el privado hasta el gubernamental y el tercer sector. Fuente: El Vocero.