Luego de que el presidente colombiano prometiera una «lucha patriótica contra el ‘wokismo'», más de 30 obras alusivas a la diversidad sexual, la violencia política y el proceso de paz fueron retiradas del Museo Nacional de Bogotá, el más importante del país sudamericano. La medida va en línea con otras acciones con las que el gobierno ultraderechista dice querer combatir un supuesto «adoctrinamiento político», pero referentes del sector y opositores denuncian un intento de borrar parte de la memoria histórica de Colombia.
Los visitantes del Museo Nacional de Bogotá, el principal de Colombia, se sorprendieron el jueves 15 de octubre con una escena poco habitual: espacios vacíos en tres salas de exposición, sin indicaciones sobre los motivos ni alusiones a una posible modificación en las colecciones.
Sin embargo, la explicación salió rápidamente a la luz cuando se identificaron cuáles fueron las obras retiradas: más de una treintena de afiches, fotografías y objetos de tres salas, relacionados con la historia de los movimientos feministas y LGBTIQ, las víctimas de la violencia política y el proceso de paz que llevó a la firma de los acuerdos en 2016 entre el Estado y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Fue un movimiento efectista, que llegó poco después de que el presidente Abelardo de la Espriella, sin referirse directamente al museo, ordenara profundizar lo que califica de «contrarrevolución cultural» para lanzar «una lucha abierta, decidida y patriótica contra el ‘wokismo'», un anglicismo empleado con frecuencia por los sectores ultraconservadores para criticar, de manera peyorativa, políticas progresistas, principalmente ligadas a los derechos de las mujeres, a la diversidad sexual o la crisis climática, entre otros aspectos.
Según recoge el medio colombiano ‘El Tiempo’, la sala más afectada fue ‘Hacer sociedad’, de donde fueron removidos al menos diez objetos sobre la historia de los movimientos LGBTIQ y feministas. Entre ellos sobresalen la bandera arcoíris donada por la activista Elizabeth Castillo, quien reconoció haber tenido que entrarla «a escondidas» a debates sobre el matrimonio igualitario en el Congreso; un afiche de promoción de la marcha del orgullo de 2006; o documentos de las campañas a favor del aborto y de la no violencia contra las mujeres.
Frente a esa sala, también desapareció un afiche de la campaña presidencial de Bernardo Jaramillo Ossa, candidato de la Unión Patriótica que fue asesinado por grupos paramilitares en Bogotá, el 22 de marzo de 1990; y otro de Carlos Pizarro, excomandante de la guerrilla del M-19 y firmante de paz asesinado en 1990 durante la campaña presidencial de ese año.
Sobre este último, De la Espriella sí hizo una mención explícita durante su discurso del pasado jueves, en el que instó a la ministra de Cultura, Paola Holguín –a quien llamó su «generala»– a retirar de los espacios públicos las representaciones que considera «apología del terrorismo».
Del mismo modo fue desmontado del Museo Nacional todo un muro dedicado a la exposición ‘De la Constitución de 1991 al Proceso de Paz de 2016’, cuya colección incluía el llamado ‘Balígrafo’, una pluma elaborada a partir de una bala con la que se firmó el acuerdo de paz en 2016.
¿Lucha contra el «adoctrinamiento» o amenaza a la memoria histórica?
Durante un recorrido por el Museo Nacional el viernes, la agencia AFP constató cómo algunos trabajadores pintaban una de las paredes vacías, minutos antes de que el espacio fuera cerrado al público bajo el argumento de una «renovación» ordenada por la nueva administración, que cuenta con una directora interina.
En los corredores, decenas de visitantes expresaron su malestar por la falta de explicaciones de las autoridades de una institución que reúne buena parte de la memoria histórica, artística y cultural de Colombia.
«Es una afrenta a la sociedad colombiana, es una afrenta a nuestra memoria, a nuestra historia», denunció a AFP Martín Pérez, de 26 años.
Por su parte, John Fredy Rodríguez, un profesor de 34 años que lideraba una visita con estudiantes de periodismo, subrayó que «pueden hacer lo que quieran, pueden hacer cualquier tipo de censura (…) pero la memoria jamás se olvida y siempre va a resistir».
En una publicación de X el 16 de octubre, Paola Holguín defendió el retiro de los más de 30 objetos porque la vocación del museo «no consiste en servir como instrumento de adoctrinamiento político, foco de difusión de versiones sesgadas de nuestra historia, ni mucho menos en medio multiplicador de la agenda gubernamental». Seguir leyendo: France 24
