Durante buena parte del siglo XX, los estudios de comunicación se concentraron en el poder de los medios para influir sobre las sociedades. La preocupación fundamental era determinar cómo los mensajes modificaban las opiniones, las conductas y las percepciones del público. Sin embargo, el pensamiento de Jesús Martín-Barbero (1937-2021) contribuyó a transformar esa perspectiva.
Nacido en España y nacionalizado colombiano, Martín-Barbero fue uno de los intelectuales más influyentes de la comunicación latinoamericana. Su obra De los medios a las mediaciones: comunicación, cultura y hegemonía, publicada en 1987, cuestionó la idea de que la comunicación pudiera comprenderse únicamente desde quienes producen y transmiten los mensajes.
Su propuesta consistió en desplazar la mirada hacia las mediaciones culturales: las experiencias, tradiciones, relaciones sociales y condiciones históricas mediante las cuales las personas interpretan y se apropian de los contenidos comunicativos.
Aunque Martín-Barbero no construyó propiamente una teoría normativa de la ética periodística, su pensamiento permite identificar importantes implicaciones éticas para el ejercicio de la comunicación.
La primera consiste en reconocer que el público no es una masa pasiva sometida inevitablemente al poder de los medios. Los ciudadanos interpretan, cuestionan, aceptan o rechazan los mensajes desde sus propias experiencias culturales. Por tanto, comunicar responsablemente supone reconocer la dignidad intelectual de quienes reciben la información.
La segunda implicación está relacionada con el poder. Martín-Barbero comprendió que la comunicación no podía separarse de las relaciones de hegemonía presentes en la sociedad. Los medios participan en la construcción de representaciones culturales y en las disputas por establecer qué voces adquieren legitimidad pública.
Desde una perspectiva ética, esta interpretación plantea una pregunta esencial: ¿hasta qué punto los medios contribuyen a reproducir las desigualdades sociales cuando privilegian determinadas voces y marginan otras?
La tercera dimensión corresponde a la cultura. Para Martín-Barbero, las prácticas populares no podían reducirse a expresiones inferiores frente a las manifestaciones culturales dominantes. Esta perspectiva invita al periodismo a examinar sus propios prejuicios y a reconocer la diversidad de experiencias que conforman una sociedad.
Su pensamiento resulta particularmente pertinente en una época en que las plataformas digitales multiplican los mensajes, pero no necesariamente garantizan mayor comprensión entre las personas.
La abundancia de información no elimina las desigualdades culturales ni las relaciones de poder que condicionan su circulación y recepción. Tampoco sustituye la responsabilidad de comprender a los públicos antes de pretender influir sobre ellos.
El legado de Martín-Barbero nos permite, finalmente, reconsiderar una cuestión fundamental: la ética de la comunicación no comienza ni termina en la conducta individual del periodista. También exige examinar las relaciones culturales y las estructuras de poder dentro de las cuales se produce, circula y adquiere sentido la información.