Para los pequeños y medianos comerciantes, sobrevivir en esta economía es mucho más que un deporte extremo.
“Mantener un negocio es algo más que extremo y se nos requiere a nosotros que seamos resilientes”, afirmó Lourdes Aponte Rodríguez, dueña del restaurante Il’ Bistro Criollo en Carolina y expresidenta del Centro Unidos de Detallistas (CUD).
Varios dueños de pequeños y medianos negocios explicaron que el problema es que los golpes son uno tras otro.
No se limita a que desde que arrancó este mes de octubre pagan por un servicio de energía eléctrica que es un 17% más caro. Es que ese aumento en el costo de la energía eléctrica llegó en momentos en que el precio del diésel para operar los generadores eléctricos, necesarios cuando el sistema es inestable, está mucho más caro y junto a un aumento en los costos del gas.
También mencionaron que hay que añadir un alza en los costos de los artículos, alimentos y otros equipos que necesitan para mantener su operación.
Wanda Rodríguez Castro, dueña de Waleska’s Cake en Guaynabo, se sinceró y aceptó que “yo estoy sufriendo las consecuencias de todo esto. Es demasiado”.
La mujer comentó que su factura de luz, con el reciente incremento aprobado por el Negociado de Energía, subió de $1,100 a $1,400 mensuales. Señaló que el gas para prender sus hornos aumentó de $75 a $95 el cilindro. Utiliza unos cuatro tanques al mes, para una factura de alrededor de $400.
“¿Tú sabes todos los bizcochos que yo tengo que vender para poder llegar (a esa cantidad) y por lo menos tener algo de ganancia? Demasiados”, soltó la mujer.
Es que no solamente necesita los $2,000 para poder pagar el gas y la energía eléctrica.
“Yo tengo que tener en consideración la nómina, los gastos de los materiales, los ingredientes. Aquí se mueve un montón de bizcochos, porque es que la gente ya nos conoce. Gracias a que el nombre ya está establecido es que nosotros hemos podido mantenernos y tenemos ya nuestra clientela. Pero, es difícil, cuesta arriba. Ya uno lo siente… Si yo hubiese empezado los otros días, sinceramente, tenía que cerrar el negocio. Lo que pasa es que ya tengo mi clientela y ellos me apoyan. Pero, un negocio que está comenzando en esto ahora mismito es imposible”, aseguró Rodríguez Castro, al aceptar que aumentar los precios de sus servicios es una opción que considera para atajar el golpe económico.
En cambio, la propietaria del salón de belleza y boutique, Musa, localizado en Guaynabo, Ginny Barley, no puede darse el lujo de pasarles a sus clientes toda esta nueva carga que trae consigo el aumento en los costos del servicio de energía eléctrica.
“La realidad es que esa es una recomendación que hacen los expertos. Pero, a nivel personal, le puedo decir que no creo que sea una movida que nosotros podamos o debamos adoptar. Estamos comenzando y queremos, verdad, que el cliente se sienta cómodo, no solamente con el servicio, sino también con los precios. Además, como ciudadana y emprendedora que he recibido directamente el impacto en mi hogar y acá en los negocios que trabajamos, sería injusto también tener que pasarle, pues, una factura adicional al cliente que viene a recibir los servicios. Sin embargo, pues, significa un golpe adicional al bolsillo del empresario”, manifestó.
Musa abrió en junio en la avenida Esmeralda, aunque no fue hasta agosto que pudo dar todos los servicios que proyectaba la comerciante.
Barley indicó que pudo abrir su negocio tras meses esperando los permisos gubernamentales para poder operar y pagando renta en el local vacío. Además, tuvo que invertir unos $75,000 para prepararse para operar. Comentó que cree que le llevaría un año reponer todo ese dinero invertido.
Ahora tendrá que sumarle que su factura de luz aumentó de $350 a $500 mensuales. No dudó en establecer que el impacto será “significativo”.
“En general, han sido demasiadas situaciones corridas. Desde los permisos (…), la situación con la energía eléctrica y los gastos adicionales, los imprevistos. O sea, tener que comprar la gasolina para las plantas (eléctricas), el agua, la cisterna, con esto del racionamiento. Ha sido bien cuesta arriba, bien cuesta arriba, y mantener el ánimo un tanto difícil. Hay que seguir confiando y creyendo que grandes cosas vendrán”, precisó la comerciante con resignación. Seguir leyendo: Primera Hora
