Madeline Estevez Henry, propietaria de Mamis Bake House, nunca imaginó que sus pasteles terminarían en las mesas del gobierno federal, ya que, durante años, cocinó postres y comidas solo para su familia y amigos más cercanos. Sin embargo, hace cinco años, logró convertirse en proveedora de alimentos para la cárcel federal de Guaynabo, llevando el sabor de la cocina local a un escenario inesperado.
En conversación con El Vocero, la empresaria relató que desde que se convirtió en mamá, empezó a confeccionar postres como le había enseñado su madre.
“Mi mamá no estudió repostería ni nada, sino que ella los hacía porque una amiga de ella le enseñó. Entonces, yo decidí coger un curso de bizcochos para entonces hacerle los bizcochos de cumpleaños a mi hijo, en aquel momento”, dijo Estevez Henry.
De acuerdo con la repostera de San Juan, un conocido le habló sobre las oportunidades de contratación con el gobierno federal y la motivó a dar el paso.
La acompañó a seminarios y la impulsó hasta que decidió iniciar el proceso para cumplir con los requisitos necesarios y poder venderle al gobierno federal, acudiendo al Federal Contracting Center (FeCC).
“El primer año no vendí nada. Me quedé sentada frente al ‘email’ esperando esa orden que nunca llegó por arte de magia”, relató la empresaria.
En su segundo año, solicitó una lista de compradores de la Small Business Administration (SBA) y envió correos con su “Capability Statement” a los contactos proporcionados. Sin embargo, los esfuerzos no dieron resultado: no obtuvo ninguna respuesta ni generó ingresos.
Con la Navidad acercándose, tomó la decisión de dar un paso audaz, y se dirigió a la cárcel federal en Guaynabo, enfrentando un torbellino de emociones: miedo, coraje, inseguridad y determinación.
Se cuestionó si lograría concretar una venta, si su inglés sería comprendido y si, siendo una empresa pequeña, recibiría la atención necesaria.
“Antes de llegar a la entrada de la cárcel, me detuve tres veces en el paseo, dudando si entrar o no. Finalmente, temblorosa y asustada, pero decidida, llegué hasta la entrada. La persona encargada no estaba disponible, así que me dieron su número de teléfono para que lo llamara y dejara un mensaje”, explicó la repostera.
En su mente, pensó que la habían descartado rápidamente. Sin embargo, tras ese momento de duda, decidió hacer la llamada y dejó su información. Para su sorpresa, al día siguiente le solicitaron precios y le preguntaron si elaboraba pasteles.
Desde entonces, durante los últimos cinco años, ha suministrado al gobierno federal una variedad de postres tradicionales, incluyendo flanes, tembleques, arroz con dulce, cheesecake y pasteles navideños.
Aunque actualmente su contrato es solamente para los meses de noviembre y diciembre, indicó que esto representa para ella un ingreso adicional anual, a lo que genera en su trabajo regular a tiempo parcial, y corre su negocio los fines de semana. Fuente: El Vocero
