El Código de Ética de The New York Times

Es imposible exponer en una columna de 500 palabras los aspectos esenciales del código de ética de The New York Times, por tanto, estoy obligado por razones de espacio a dejar fuera varios aspectos importantes.
El documento, titulado en inglés Ethical Journalism: A Handbook of Values and Practices for the News and Opinion Departments, aborda, entre otros temas, la relación con las fuentes y los lectores hasta los conflictos de interés, la actividad política, las inversiones, los regalos, los trabajos externos, la publicidad y las relaciones familiares.
El punto de partida es la independencia. The New York Times sostiene que sus periodistas deben evitar situaciones que comprometan, o parezcan comprometer, su imparcialidad. Esa preocupación atraviesa buena parte del código y explica muchas de sus normas.
Uno de sus principios centrales es evitar los conflictos de interés, reales o aparentes. Una relación demasiado cercana con una fuente, una actividad profesional paralela, un vínculo familiar o una inversión económica pueden poner en duda la independencia de quien informa. Cuando existe esa posibilidad, el periodista debe comunicarla y, si es necesario, apartarse de la cobertura.
El código también coloca al lector en el centro de la responsabilidad periodística. Los errores deben corregirse tan pronto sean conocidos. El plagio y la difusión consciente de información falsa representan rupturas graves de la confianza pública y de los principios básicos del oficio.
La relación con las fuentes también tiene límites. El periodista no debe amenazar, ofrecer cobertura favorable a cambio de cooperación ni pagar por entrevistas o documentos inéditos. Tampoco debe utilizar identidades falsas, salvo circunstancias excepcionales debidamente justificadas. La cercanía con las fuentes nunca debe convertirse en favoritismo.
Especial importancia tiene la protección de la neutralidad. Los periodistas no deben aceptar regalos, descuentos, viajes, alojamientos u otros beneficios de personas u organizaciones relacionadas con su cobertura. La separación entre publicidad y contenido periodístico también debe preservarse para impedir que los intereses comerciales determinen la información.
El código prohíbe además utilizar información no pública obtenida mediante el trabajo para obtener ventajas personales o financieras. La posición dentro del periódico no debe convertirse en instrumento de beneficio privado.
En materia política, los periodistas pueden votar, pero deben evitar campañas, respaldos públicos, donaciones electorales, manifestaciones y otras actividades que puedan generar dudas sobre su neutralidad profesional. Incluso determinadas actividades políticas de familiares pueden requerir que un periodista se aparte de una cobertura.
El documento regula, además, inversiones, trabajos externos, apariciones públicas, premios y actividades comunitarias. Su amplitud demuestra que la ética periodística no consiste solamente en decir la verdad. También exige independencia, transparencia, prudencia y vigilancia permanente sobre cualquier circunstancia capaz de afectar, o parecer que afecta, la credibilidad del periodista y del medio. Un código tan detallado recuerda además que la credibilidad no depende únicamente de grandes principios, sino también de decisiones cotidianas que parecen pequeñas.