Un destacado exfuncionario del gobierno de Ecuador fue deportado el mes pasado en una medida inusual por parte de las autoridades de inmigración de Estados Unidos, quienes revocaron un fallo que había bloqueado su expulsión porque podría enfrentar tortura en su país de origen.
El exfuncionario, José Serrano, se encuentra recluido en una prisión de máxima seguridad en Ecuador, donde le dijeron que se compartiría con el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, un video en el que aparecía completamente desnudo, según sus abogados.
Los funcionarios ecuatorianos han negado que Serrano —acusado de orquestar el asesinato en 2023 de un candidato presidencial— hubiera sido maltratado.
Noboa, un aliado crucial en las duras medidas del presidente Donald Trump contra el narcotráfico, pareció atribuirse el mérito en las redes sociales de la deportación de Serrano el 28 de agosto casi en tiempo real.
“Lo dijimos, lo cumplimos”, se jactó Noboa en redes sociales, apenas 15 minutos después de que, según los registros, funcionarios estadounidenses hubieran subido a Serrano a un pequeño avión chárter con destino a Ecuador. En su publicación, Noboa incluyó fotos de Serrano esposado entre dos agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos.
Una revisión de The New York Times sobre el arresto y la deportación de Serrano resalta cómo el gobierno de Trump ha tomado el control del sistema de tribunales de inmigración de la nación, y lo ha remodelado para sus propios fines políticos con el fin de llevar a cabo sus políticas de línea dura.
Serrano se había desempeñado como ministro del Interior del expresidente de Ecuador Rafael Correa, un acérrimo rival de Noboa. Más tarde, Serrano solicitó asilo político en Estados Unidos. Aunque niega haber desempeñado un papel en el asesinato, admitió haber aceptado más de 500.000 dólares en sobornos en un asunto no relacionado.
Agentes de ICE arrestaron a Serrano en Miami el año pasado, días después de que Noboa se reunió en privado con Kristi Noem, entonces la secretaria de Seguridad Nacional, en Ecuador.
El exministro de izquierda luchó contra la deportación desde la cárcel durante meses, y finalmente convenció a un juez de inmigración de Estados Unidos de que no podía ser enviado de regreso a Ecuador porque era probable que fuera torturado.
Pero a finales del mes pasado, apenas un día después de haber sido informados sobre el caso, tres jueces de apelaciones de inmigración nombrados por el gobierno de Trump anularon esa decisión, un tiempo de respuesta sorprendente para los congestionados tribunales de inmigración, donde tales apelaciones por lo general se demoran durante meses. En cuestión de horas, había sido deportado.
Los jueces de inmigración trabajan para el Departamento de Justicia, no para la rama judicial independiente, lo que significa que pueden ser contratados y despedidos por los funcionarios del gobierno. Por ley, están obligados a decidir los casos utilizando su “juicio y discreción independientes”.
Exjueces de apelaciones de inmigración dijeron que incluso si el caso de Serrano hubiera sido acelerado, una apelación compleja como la suya normalmente habría tardado semanas en decidirse, no un solo día.
“No recuerdo un caso que se haya movido tan rápido”, dijo Charles Adkins-Blanch, quien fue designado para la junta de apelaciones de inmigración durante la presidencia de George W. Bush y luego se desempeñó como su vicepresidente. “Es sumamente inusual”.
Kathryn Mattingly, una portavoz del Departamento de Justicia, dijo que no podía comentar sobre casos individuales, pero agregó que el gobierno de Trump estaba “restaurando la integridad del sistema de adjudicación de inmigración”.
Catherine Walker, una de los abogados de Serrano, dijo que un miembro de su equipo legal ecuatoriano había podido comunicarse con él la semana pasada por primera vez desde su deportación el 28 de agosto, pero que “tres guardias enmascarados no identificados” habían monitoreado su videollamada.
“La poca información que Serrano pudo proporcionar durante la llamada fue espantosa”, dijo Walker en un comunicado. Serrano dijo que los guardias le tomaron fotografías y videos mientras estaba desnudo y le dijeron que “las imágenes serían enviadas al presidente Daniel Noboa”.
Noboa, nacido en Miami y heredero de un imperio exportador de banano, ha gobernado Ecuador desde finales de 2023. Se ha convertido en uno de los aliados más cercanos de Trump en el hemisferio occidental, en particular en los esfuerzos de Estados Unidos para interceptar embarcaciones sospechosas de transportar drogas. En marzo, Estados Unidos también ayudó a los militares de Ecuador a destruir un presunto campo de entrenamiento de carteles que, según los residentes, era en realidad una granja lechera. Seguir leyendo: The New York Times
