Por Wilson Hernández
Editor El Sol Magazine
En estos días he visto a una periodista advertirle a su entrevistado que, además de periodista, ella era miembro de un reconocido partido político. La declaración provocó el enojo del entrevistado, quien le exigió que se limitara a formular su pregunta y no a realizar una exposición sobre su partido o sus posiciones políticas, porque el expositor era él y ella la periodista.
Como la confrontación se produjo en el escenario de un congreso de comunicación política, el hecho generó revuelo entre los asistentes y posteriormente derivó en una amplia controversia en la opinión pública nacional.
Más allá de las simpatías o antipatías que puedan despertar sus protagonistas, el episodio plantea importantes interrogantes que merecen ser examinadas desde la ética profesional del periodista.
La primera pregunta parece inevitable: ¿debe un periodista revelar su afiliación política cuando se encuentra ejerciendo su función profesional?
Un periodista, hombre o mujer, tiene, como cualquier ciudadano, pleno derecho a profesar ideas políticas, religiosas o culturales. También tiene derecho a pertenecer o militar en las organizaciones sociales o políticas de su preferencia. Ser periodista no elimina sus derechos ciudadanos ni le exige convertirse en una persona carente de convicciones.
Pero una cosa son sus derechos como ciudadano y otra diferente son sus deberes éticos cuando actúa como periodista.
En el ejercicio de su profesión el periodista debe ceñirse a los principios éticos, a las normas fundamentales del oficio. Entre ellas se encuentra el deber de buscar la verdad con objetividad, imparcialidad, ecuanimidad e independencia, respetando tanto los derechos del entrevistado como el derecho del público a recibir una información que no esté condicionada por intereses personales, partidarios o ideológicos.
Cuando una persona actúa como periodista, el interés que debe orientar sus cuestionamientos no puede ser el interés de un partido político, de una organización determinada ni siquiera el de sus propias convicciones personales. El interés que debe prevalecer es el de encontrar la verdad y obtener respuestas de interés público.
Por eso, en una entrevista, rueda de prensa o encuentro periodístico, la identificación profesional cumple una función muy concreta: decir quién pregunta y cuál es el medio de comunicación que representa. Y uno u otro, como entidades públicas, tendrán un perfil determinado que no hay que detallar en el escenario de una entrevista, no porque sea secreto, sino, como una manera de decirle al entrevistado y al público: aquí lo que prevalece es la pregunta, como medio para buscar la información, a vedad, independientemente del contexto ideológico que represento como periodista. A partir de ahí, entonces, lo que importa es la pregunta.
Introducir voluntariamente una afiliación partidaria cambia la naturaleza de esa presentación. El periodista deja de aparecer solamente ante el entrevistado y ante el público como representante de un medio de comunicación y se presenta también como integrante de una organización política que puede tener intereses, posiciones o conflictos relacionados con el tema que está siendo discutido. Y entonces otra pregunta todavía más delicada: ¿desde qué posición está interrogando: desde la del periodista o desde la del militante?
Y ahí surge el conflicto ético, que debe evitar el profesional, el periodista.