Brasil reelige a Lula y rechaza al hijo de su predecesor

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se alzó con la reelección el domingo, lo que supuso una reprimenda al movimiento conservador que se extiende por toda América Latina y que el presidente Donald Trump había promovido.

Lula superó el desafío de Flávio Bolsonaro, hijo de un expresidente que había intentado un golpe de Estado hace cuatro años, después de que un juez del Tribunal Superior Electoral de Brasil ordenara que las urnas permanecieran abiertas dos horas más debido a retrasos en el transporte y al mal tiempo. El caótico final aumentó la posibilidad de un resultado impugnado; Bolsonaro afirmó que las inundaciones en una parte del país donde tenía ventajas electorales lo perjudicarían injustamente, mientras que Lula acusó a los funcionarios públicos de ralentizar deliberadamente el transporte público en áreas donde había ganado en la primera vuelta.

Lula, de 80 años, había presentado su candidatura como un voto a favor de la democracia y como la única forma de impedir el regreso de la familia Bolsonaro al poder. Se ha enfrentado con frecuencia y de manera desafiante a Trump, quien intentó recurrir a aranceles y sanciones para mantener al padre de Bolsonaro, Jair, fuera de prisión.

La victoria de Lula rompió una racha de siete victorias consecutivas de líderes de derecha en la región durante los últimos 18 meses, y sugirió que las fuerzas de izquierda de América Latina aún ejercen cierta influencia a pesar de las derrotas.

Sobre la contienda se cernía una épica lucha política que ha agitado y definido la política brasileña durante más de una década. Bolsonaro se postuló en lugar de su padre, quien no pudo ser candidato porque fue condenado por intentar un golpe de Estado contra Lula después de perder la última elección. Fue sentenciado a 27 años de prisión y está cumpliendo su condena en casa por razones de salud.

Los candidatos ofrecieron visiones marcadamente diferentes sobre temas como la lucha contra el crimen organizado y la revitalización de una economía aletargada. El resultado podría reconfigurar la trayectoria de Brasil en muchos temas divisivos en los años venideros, porque el próximo presidente tendrá el derecho de llenar cuatro vacantes en el poderoso Supremo Tribunal del país, que tiene 11 puestos en total. Seguir leyendo: The New York Times